jueves, 11 de marzo de 2010

El General y La Princesa

El General dijo: “Os arrojaré al precipicio con mis diez mil ejércitos armados todos de coraje, ferocidad e ira. Lucharé hasta morir y partir el esternón de cada uno de los que me asechen, encapsulando sus almas para llevarlas al infierno. Henos aquí los cien millones armados de sed, avaricia y hambre de poder”.

La princesa dijo: “Os derrotaré con mis caricias de seda, con mi aliento de paz y esperanza, con mi sutil tacto de amor y comprensión. Ante mi beldad se rendirán todos a mis pies y quedarán adormecidos. Con un dulce beso les secaré la sed, les obsequiaré la derrota envuelta en mis manos de primavera, les mataré el hambre de querer ser victoriosos dibujando sus almas con un color pasional y extrayendo el odio al quemar cuantas armas contengan. Vos sentiréis la perdición en el glorioso amor de una hermosa mujer y no en la ira de diez mil ejércitos”.

lunes, 8 de marzo de 2010

A Veces es Bueno Apagar la Luz

En la "nueva era" (ya no tan nueva) todo tiende a ser más automatizado. Las comodidades que los servicios nos ofrecen son estupendas.

Cuando vamos al cajero casi que insertamos la tarjeta, colocamos la clave, decidimos la cantidad y listo. ¿Colas? ¿Papel? ¿Planillas de retiro?...

Ciertamente es más eficiente, cómodo y rápido.

Ahora uno puede recargar los celulares prepago directamente en los cajeros o con una simple llamada telefónica que se conecta a nuestra cuenta bancaria y debita la cantidad. Hace unos años era una odisea ir a la panadería o al Kiosko para comprar una "tarjetica". Y si uno se quedaba sin saldo a medianoche pues se debía esperar al día siguiente.

Tecnologías como el ticket de la cola bancaria (que ahora tiene como 10 categorías), grabar programas de televisión en vivo, el famoso "BB PIN"... Todas nos "facilitan" la vida.

¿Pero de verdad nos facilitan la vida?

En medio de esta crisis eléctrica nos damos cuenta que sin luz no somos nadie. Sin luz no hay agua, no hay comunicaciones, no hay transporte. Sin luz nos apagamos.

Siempre tomo el ejemplo de un computador con un sistema operativo Windows. Cada vez lo hacen más fácil para el usuario. Todo está a la mano y casi que el computador es el que piensa en paralelo por nosotros y nos hace las tareas. ¿Pero qué pasa cuando se nos pierde el botón de inicio? ¿Qué pasa cuando se nos desaparece el icono de "MI PC" en el escritorio? ¿Nos sentimos perdidos verdad? No se nos ocurre otra alternativa y ya la palabra "bolígrafo" o "lapicero" la tenemos fuera del vocabulario.

Entonces nos pone a pensar. Nos damos cuenta que eso nos pasa con muchas cosas. Aún teniendo lo mejor de lo mejor en tecnología; un BlackBerry, un Windows 7, incluso una MAC para los más alternativos, nos vemos perdidos cuando falta una tecla, cuando se cae el sistema o cuando nos quedamos sin batería.

Perdemos la esencia de una cita, de una llamada, o mejor aún, de unas palabras cara-a-cara. Perdemos el valor de una carta escrita a mano, de un álbum de fotos con historia, de ir a saludar al señor del kiosko y comprar la "tarjetica", de ir al banco e intercambiar sonrisas y los buenos días cuando se saca el efectivo.

El equilibrio entre lo humano y lo tecnológico se achica. Su base triangular nos llama para susurrarnos: "Oye, a veces es bueno apagar la luz".